Cultura

Madrid, noviembre de 2017

Si nos paramos en mitad de la gran vía y hacemos una encuesta, me atrevería a decir que 1 de cada 10 encuestados ha bailado salsa alguna vez. Habrá sido un periodo corto, de apenas unas semanas, o se habrá pasado años en el circuito.


El porcentaje sería muy distinto si cambiásemos la pregunta, ya que creo que sólo 1 de cada 100 sabría definir el concepto de salsa como música.

Vemos vídeos de figuras en Facebook sin siquiera activar el volumen, perdiéndonos la esencia de lo que lo está generando, que es la música de fondo. de esta forma, llevamos la salsa un poco hacia el lugar del malabarista de circo, y no al disfrute de su sonido.

Lo que me lleva a pensar que no entendemos la salsa en sí como género musical. No sabemos apreciar una oleada de trompetas sostenidas durante segundos como si se acercasen hacian nosotros.

Es verdad que es bueno crecer como bailarines y aprender figuras (al que le apetezca), disfrutar en pista haciendo todo tipo de movimientos, pues al final son una expresión de libertad y disfrute, pero creo que no debemos perder el foco en lo que representan, que es expresar con el cuerpo lo que se siente con la música.

En Nueva York, la salsa supuso una búsqueda de identidad por parte de la población latina, y de una forma muy especial para la comunidad puertorriqueña. Partiendo de una generación de inmigrantes recién llegados que apenas hablaba inglés en los años 30, hasta una tercera generación con nacionalidad estadounidense que mostraba su rebeldía ante la sociedad.

De igual forma, en Colombia fue un estilo de vida para varias generaciones, cuya pasión por ella les llevó a llenar sus calles de locales y de jóvenes entregados a la causa día y noche. La Colombia de los 80 fue complicada por muchas cosas, y quizás la salsa se vio potenciada por ello, especialmente en Medellín y en Cali.

Aquí en Madrid, para mucha gente ha ocupado un espacio que era necesario en sus vidas. Han pasado de tomar copas sin sentido en discotecas de música pachanguera, a bailar hasta quedarse sin piernas en una sala de baile, a rodearse de un entorno que les es afín, con quien compartir amistad por la vía de las escuelas y de los congresos. a querer mejorar en algo.

La música, y en general el arte, siempre ha llevado detrás una connotación social muy importante, y la forma de expresarla en forma de baile y el comportamiento que le acompaña, refleja las inquietudes de toda una población.

Es por eso que creo importante aportar mi granito de arena al mundo-salsa en forma de historia de la salsa. a lo mejor si la entendemos un poco mejor, disfrutamos más cuando vayamos a bailar a pincel, o cuando nos metamos en un taller.

Esta sección, que iré desarrollando poco a poco, explorará la salsa desde un punto de vista histórico, geográfico, y social, recabando en lo que ha significado para los distintos pueblos y culturas a los largo de los años, tanto en la música en sí, como en su forma de bailarla, tratando de ver los distintos géneros y estilos que se han ido y se van dando con el paso del tiempo.

Por cierto, todo el mundo se atribuye la creación de la salsa, de hecho he leído y escuchado ya muchas versiones, pero parece que la que más me convence es la de que, efectivamente tiene su base en instrumentos cubanos (clave, timbal, tres, etc), pero que debido al bloqueo a Cuba de los años 60 en Estados Unidos, fueron músicos puertorriqueños la que la impulsaron en Nueva York.

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